dijous, 10 d’octubre del 2013
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Caminábamos hacía ya un rato, cogidos de la mano, con mucho de qué hablar pero sin nada que decirnos, sonreíamos, no había luna y ella siempre decía que era porque el Sol se acostaba con una estrella, luna no quería verlo y se escondía. Llegamos a casa, se puso de puntillas, me besaba, con ansias y entonces, cómo diría ella, el dolor empezó a deslizarse por sus mejillas, sabía que no debía decirle nada, así que me limité a sentir. Subimos a la habitación, nos besábamos de nuevo, cómo en cualquier película, sin dejar de besarnos, se echó hacia atrás y se dejo caer sobre el colchón, la seguí de cerca y dejé sus labios para empezar a bajar por su cuerpo. Uno a uno fueron cayendo todos los botones, beso a beso fui bajando lentamente hasta su ombligo, temblaba, volví a por sus labios, me deshice de aquella camisa que llevaba puesta y... vi todo su dolor en uno de sus brazos, y aunque no lo crea, me dolió ver eso mucho más que a ella hacérselo. La cuidé toda la noche, le hice el amor con todo el amor que puedo sentir hacia ella y la abracé, sin preguntar nada, hasta que el sueño nos venció a los dos.
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